Nota sobre la revisión de este artículo

Este artículo ha sido elaborado con especial atención al cumplimiento de la normativa aplicable y al respeto de las personas y situaciones que aparecen reflejadas en él.

Antes de su publicación, el contenido ha sido sometido a un amplio proceso de revisión, incluyendo el análisis de cinco sistemas de inteligencia artificial y la valoración de seis personas, cuatro de ellas con experiencia profesional relacionada con los ámbitos tratados.

Aun así, entendemos que ningún proceso de revisión es infalible. Si detectas algún contenido que consideres incorrecto, inapropiado o susceptible de mejora, te agradecemos que nos lo comuniques.

Revisaremos cualquier observación fundamentada y, si procede, realizaremos las modificaciones necesarias con la mayor rapidez posible.

Nuestro objetivo es compartir esta experiencia con rigor, responsabilidad y respeto, manteniendo siempre una actitud abierta a corregir y mejorar.

Saltar directamente al contenido

Experiencia personal · Autismo · Prácticas

Experiencia real de una persona autista haciendo prácticas

Una reflexión en primera persona sobre inseguridad, observación, vínculos, comunicación, aprendizaje, sobrecarga sensorial y las dificultades que pueden aparecer cuando una persona autista intenta encontrar su lugar dentro de un entorno de prácticas.

No escribo este artículo para demostrar que tenía razón. Lo escribo para explicar cómo viví, interpreté y procesé una experiencia que me hizo aprender, dudar y replantearme muchas cosas.

Este artículo relata una experiencia y una opinión personal. No pretende representar a todas las personas autistas ni establecer criterios profesionales.

Una aclaración importante antes de continuar

Antes de comenzar este artículo, considero imprescindible hacer una aclaración.

Este texto no pretende atacar, desacreditar ni ofender a ninguna persona, profesional, entidad o centro.

El objetivo es exclusivamente explicar una experiencia personal y utilizarla para visibilizar cómo determinadas situaciones, comentarios, contradicciones o formas de comunicación pueden ser interpretadas y vividas por una persona autista.

Todo lo que explicaré parte de mi experiencia, mi percepción y mi manera de procesar las situaciones. Otra persona, autista o no, podría haber vivido exactamente las mismas circunstancias de una manera completamente diferente.

Tampoco pretendo determinar quién tenía razón o quién estaba equivocado en cada una de las situaciones que explicaré.

A veces, dos personas pueden estar intentando hacer las cosas bien y, a pesar de ello, interpretar una misma situación de formas radicalmente diferentes.

¿Qué ocurre cuando la persona que hace las prácticas también es autista?

Hay una realidad de la que considero que quizás se habla poco: ¿qué ocurre cuando una persona autista entra como estudiante en prácticas en un entorno relacionado con la educación especial?

01

Estamos presentes

No solo observamos.

02

Procesamiento

También procesamos.

03

Interpretación

También interpretamos.

04

Aprendizaje

También podemos equivocarnos.

Y determinadas formas de comunicarnos una crítica, una corrección o una contradicción pueden tener sobre nosotros un impacto mucho mayor del que aparentemente se ve desde fuera.

01

El primer día: una cantidad enorme de dudas

Mi experiencia no comenzó con seguridad. Comenzó exactamente con lo contrario: dudas, miedo a equivocarme y una necesidad constante de entender qué se esperaba de mí.

Recuerdo perfectamente el primer día. Llegué con una cantidad enorme de dudas.

No eran necesariamente dudas sobre si quería estar allí. Eran dudas sobre si sería capaz de hacerlo bien.

Lo que pasaba por mi cabeza

Preguntas constantes

¿Me irá bien?

¿Lo haré bien?

¿Podré seguir lo que hacen los demás?

¿Entenderé qué esperan de mí?

¿Me equivocaré?

¿Y qué pasará cuando me equivoque?

Eran preguntas constantes.

Durante aproximadamente los primeros cuatro días me sentí prácticamente como una estatua. Estaba allí, observaba, intentaba comprender lo que ocurría a mi alrededor, pero mi inseguridad era extremadamente fuerte.

Me costaba tomar la iniciativa porque todavía no conocía suficientemente el entorno, a las personas ni la manera de trabajar.

Para mí habría sido de enorme ayuda que alguien me hubiera dicho algo tan sencillo como:

Haz esto. Prueba aquello. Anímate. No tengas miedo a equivocarte. Es normal equivocarse cuando estás aprendiendo.

Puede parecer una frase sin demasiada importancia, pero en mi caso ese tipo de comunicación puede marcar una diferencia enorme.

Cuando alguien me deja claro que equivocarme forma parte del aprendizaje , disminuye parte de mi inseguridad y me resulta mucho más fácil avanzar, experimentar y tomar iniciativa.

02

Una persona me llamó especialmente la atención

Entre todas las personas que había en aquel entorno, hubo una situación que captó mi atención prácticamente desde el primer momento.

Cuando entré, había varias personas a las que debía prestar atención. Sin embargo, una de ellas me llamó especialmente la atención desde el principio.

Recuerdo que entró y se dirigió directamente hacia un rincón.

Se quedó allí, seria, apartada y completamente sola.

Primer momento

Lo que observé

Una persona apartada del resto

Mientras el entorno continuaba funcionando a su alrededor, mi atención se quedó durante un momento en esa imagen: una persona situada en un rincón, sin participar y aparentemente desconectada de la actividad que estaba ocurriendo.

Ese tipo de situaciones activan inmediatamente mis alertas.

Pero que algo me llame la atención no significa que automáticamente crea saber qué está ocurriendo.

Precisamente por eso, en esos momentos mi primera reacción suele ser observar.

Una misma imagen, muchas explicaciones posibles

Estar sola no me decía todavía por qué estaba sola.

01

Puede querer estar sola

Apartarse puede ser una decisión voluntaria y perfectamente válida.

02

Puede necesitar descansar

El entorno puede estar suponiendo un esfuerzo mayor del que vemos desde fuera.

03

Puede estar regulándose

Alejarse temporalmente puede ser una forma de recuperar estabilidad.

04

Puede necesitar ese espacio

No toda ausencia de participación requiere una intervención inmediata.

Por eso no quería sacar conclusiones precipitadas.

No sabía si aquella forma de comportarse era habitual, si se trataba de algo puntual o si existía alguna razón concreta que yo desconocía.

Intenté obtener más información, pero me encontré con una dificultad: las respuestas que recibía no siempre coincidían entre sí.

Varias personas eran nuevas y cada una parecía tener una percepción algo diferente. La persona que posiblemente podía aclararme mejor la situación tampoco llegó a resolver completamente mis dudas.

Así que durante los siguientes días seguí observando.

Y poco a poco fui llegando a una conclusión personal: independientemente de si aquella situación era habitual o no, yo percibía que en aquel momento esa persona podía necesitar algún tipo de ayuda para participar más.

03

Observar antes de actuar

Cuando llego a un entorno que no conozco, mi primera herramienta no es intervenir. Es intentar comprender.

Durante aquellos primeros días fui observando no solamente a esa persona, sino a todas.

Para mí observar no significa simplemente mirar desde lejos.

Significa intentar detectar patrones, reacciones y pequeñas diferencias que me ayuden a comprender mejor qué está ocurriendo.

Mi proceso

¿Qué intento observar?

No busco una respuesta aislada. Intento construir una imagen progresiva a partir de muchos detalles pequeños.

01

Reacciones

Cómo reaccionan las personas ante diferentes situaciones.

02

Participación

En qué momentos participan y cuándo prefieren no hacerlo.

03

Preferencias

Qué actividades parecen disfrutar más.

04

Rechazo

Qué actividades o situaciones rechazan.

05

Regulación

Qué parece ayudarles a recuperar la calma.

06

Malestar

Qué situaciones parecen generar incomodidad, rechazo o desregulación.

07

Interacción

Cómo se relacionan con otras personas.

08

Comunicación

Cómo expresan necesidades, preferencias o rechazo.

09

Estrategias de otros

Cómo interactúan las personas que ya conocen mejor a cada participante.

El proceso que intento seguir

01 Observar

Antes de decidir qué hacer.

02 Interpretar

Intentar entender el motivo.

03 Probar

Hacer un cambio pequeño.

04 Evaluar

Observar qué ocurre después.

05 Adaptar

Mantener, modificar o retirar la estrategia.

Cuando no tengo suficiente información previa, intento construir mi propia comprensión a partir de esas observaciones.

No significa que esa interpretación vaya a ser siempre correcta. Puedo equivocarme.

Precisamente por eso necesito observar también qué ocurre después de hacer algo.

Si una estrategia parece ayudar, intento comprender por qué. Si no funciona, intento cambiarla.

Aquellos primeros cuatro días, en los que desde fuera podía parecer que yo hacía muy poco, fueron precisamente los días en los que estaba intentando recopilar toda esa información.

Después de observar, preguntar y no conseguir toda la información que necesitaba, llegó un momento en el que decidí empezar a probar pequeñas cosas.

Y ahí comenzó una parte de la experiencia que acabaría siendo mucho más importante de lo que yo imaginaba en aquel momento.

04

Nunca pretendí hacer terapia

Quiero dejar este punto especialmente claro porque es importante para interpretar correctamente todo lo que ocurrió después.

Cuando empecé a acercarme más a aquella persona, mi intención era mucho más sencilla: quería intentar que participara y que pudiera pasarlo bien.

No quería que pasara prácticamente todo el tiempo apartada en un rincón si existía alguna manera de facilitar que se incorporara a las actividades.

Eso no significaba obligarla a participar.

Tampoco significaba considerar que estar sola fuera necesariamente algo malo.

Lo que quería era comprobar si, con determinadas maneras de acercarme, adaptar una actividad o generar confianza, aparecía una oportunidad real de participación.

Diferenciar funciones

Lo que intentaba hacer y lo que no pretendía hacer

Mi intención

Lo que sí intentaba

  • Facilitar la participación.
  • Intentar que las actividades fueran agradables.
  • Adaptar mi manera de interactuar.
  • Observar qué funcionaba y qué no.
  • Favorecer autonomía cuando fuera posible.
  • Aprovechar las propias actividades para potenciar habilidades cuando surgía la oportunidad.

No era mi función

Lo que no pretendía

  • Realizar una terapia.
  • Hacer una intervención clínica.
  • Sustituir a un psicólogo, logopeda u otro profesional.
  • Establecer objetivos terapéuticos por mi cuenta.
  • Forzar determinados aprendizajes.
  • Intentar conseguir comunicación oral como objetivo de mi intervención.

Como haría cualquier monitor, si dentro de una actividad aparecía una oportunidad natural para fomentar o potenciar alguna capacidad, intentaba aprovecharla.

Pero existe una diferencia importante entre aprovechar una oportunidad educativa dentro de una actividad y considerar que estás realizando una terapia especializada.

Yo tenía muy clara esa diferencia.

05

Prueba, error, observación y adaptación

Llegó un momento en el que observar ya no era suficiente. Necesitaba probar pequeñas cosas y comprobar qué respuesta obtenía.

Como no había conseguido toda la información que consideraba necesaria sobre aquella persona, terminé utilizando algo que he utilizado en otras ocasiones: observar, probar y evaluar el resultado.

Podríamos llamarlo prueba y error, aunque para mí no consiste en probar cosas al azar.

Primero intento tener alguna razón para pensar que una determinada estrategia puede funcionar.

Después hago un cambio pequeño y observo la respuesta.

Mi forma de proceder

Un proceso que se repite

  1. 01

    Detectar

    Intentar identificar una necesidad, una dificultad o una oportunidad.

  2. 02

    Pensar

    Valorar qué pequeño cambio podría facilitar la situación.

  3. 03

    Probar

    Aplicar ese cambio sin convertirlo en una imposición.

  4. 04

    Observar

    Prestar atención a la respuesta de la persona.

  5. 05

    Adaptar

    Mantener lo que parece ayudar y cambiar lo que no.

Poco a poco empecé a encontrar maneras de interactuar que parecían funcionar.

Y algo que me gustaba especialmente de aquellas prácticas era que me encantaba intentar ayudar a todas las personas que tenía a mi alrededor.

Es algo que normalmente siento que se me da bien y que además disfruto haciendo.

Con el paso de los días empecé a observar cambios en aquella persona que inicialmente había permanecido tanto tiempo apartada.

Ya no permanecía tanto tiempo en aquel rincón como el primer día.

Empezaba a participar más.

Había momentos en los que se incorporaba a actividades y podía mantenerse en ellas con mucha más naturalidad.

Lo que fui observando

La situación empezó a cambiar

Al principio

  • Mucho tiempo apartada.
  • Muy poca participación en las actividades.
  • Necesidad de observar mucho antes de saber cómo acercarme.

Con el paso de los días

  • Más momentos fuera de aquel rincón.
  • Mayor participación.
  • Más oportunidades de interacción y juego.

Esta comparación describe únicamente lo que yo observé durante aquella experiencia. No pretende establecer una relación terapéutica ni atribuir todos los cambios a una sola persona o estrategia.

Ver esos pequeños avances me hacía feliz.

No porque pensara que había descubierto una fórmula especial, sino porque veía a una persona que al principio apenas participaba empezar a encontrar más oportunidades para hacerlo.

06

Cuando la comunicación apareció sin buscarla

Algunas de las cosas que más me sorprendieron durante aquellas prácticas no fueron el resultado de un objetivo que yo hubiera marcado. Simplemente aparecieron.

Entre esas cosas estuvo la comunicación.

Quiero insistir en algo: yo no estaba intentando enseñar palabras, vocales ni conseguir comunicación oral.

No era el objetivo de lo que estaba haciendo.

Para trabajar específicamente esas áreas existen profesionales con formación especializada, como logopedas y otros perfiles que pueden valorar cada situación con mucha más preparación que yo.

Lo que ocurrió fue mucho más natural.

Estábamos jugando.

Sin planificación

Juego → interacción → comunicación

La comunicación apareció dentro del propio juego.

No había una sesión preparada, una lista de palabras que conseguir ni un ejercicio destinado a producir lenguaje. Estábamos interactuando y algunas vocalizaciones, sonidos y palabras empezaron a aparecer de forma espontánea.

Precisamente por eso me llamó tanto la atención.

No era algo que yo estuviera persiguiendo.

Surgió mientras jugábamos y nos relacionábamos.

En algunos momentos aparecieron sonidos, vocalizaciones y palabras que antes yo no había escuchado en aquella persona.

También aparecieron formas de comunicación no verbal que permitían entender mejor algunas preferencias o necesidades.

Aquello me hizo pensar.

No pensé: «he conseguido que hable».

Esa conclusión habría sido demasiado grande y, además, no habría sido correcta.

Lo que pensé fue algo mucho más prudente:

Yo no puedo responder profesionalmente a esa pregunta.

Y precisamente por eso considero importante diferenciar entre observar una posibilidad y afirmar que esa posibilidad vaya a convertirse necesariamente en un resultado.

Lo que vi me hizo pensar que quizá merecía la pena que alguien con la formación adecuada pudiera valorarlo.

07

Una posibilidad que me hizo reflexionar

Lo que ocurrió durante el juego no me permitió sacar conclusiones, pero sí me hizo plantearme una posibilidad que considero importante.

Después de observar cómo aparecían algunas formas de comunicación de manera espontánea, inevitablemente me surgió una pregunta.

¿Qué podría ocurrir si esa capacidad fuera valorada por un profesional especializado?

Desde mi punto de vista personal, existe al menos una posibilidad de que una intervención profesional adecuada pudiera encontrar vías para ampliar esa comunicación.

No sé si esa posibilidad sería grande o pequeña.

Tampoco sé hasta dónde podría llegar.

Y, evidentemente, observar algunos momentos de comunicación no permite asegurar que una persona vaya a desarrollar comunicación oral.

Una diferencia fundamental

Detectar una posibilidad no es garantizar un resultado

01

Lo que observé

Aparecieron formas de comunicación

Durante el juego aparecieron sonidos, vocalizaciones, palabras y otras respuestas comunicativas que me llamaron la atención.

02

Lo que pensé

Quizá exista potencial

Aquello me hizo pensar que podría ser interesante explorar profesionalmente qué posibilidades comunicativas existen.

03

Lo que no puedo afirmar

Que vaya a desarrollar habla oral

Esa conclusión requiere una valoración individual y especializada. Mi experiencia no permite garantizarla.

Para mí, precisamente ahí está la diferencia.

Yo puedo observar algo que me llama la atención y comunicar esa observación. Después, corresponde a los profesionales adecuados valorar qué significa y qué opciones existen.

No necesito convertirme en logopeda para poder decir: «He observado esto y creo que podría ser interesante valorarlo».

Personalmente, aquella experiencia me hizo pensar que quizá existía una posibilidad, aunque fuera remota.

Y para mí una posibilidad no significa una promesa.

Significa simplemente que puede existir algo que merezca ser explorado.

08

¿Por qué no dar la oportunidad de probarlo?

Cuando existe una posibilidad razonable y puede ser valorada por profesionales, personalmente creo que merece la pena al menos estudiarla.

Mi pensamiento en aquel momento fue bastante sencillo: probar una valoración profesional nunca está de más.

Probar no significa obligar.

Tampoco significa perseguir un resultado concreto a cualquier precio.

Y mucho menos significa considerar que una persona necesita hablar oralmente para que su comunicación sea válida.

Para mí significa ofrecer la oportunidad de que alguien con los conocimientos adecuados pueda observar, valorar y decidir si existe algún camino que merezca ser explorado.

Cuando digo «probar»

No estoy hablando de forzar

01

Valorar

Conocer mejor las capacidades, necesidades y formas de comunicación de la persona.

02

Explorar

Comprobar qué posibilidades existen sin partir de un resultado predeterminado.

03

Adaptar

Ajustar cualquier apoyo a la respuesta y necesidades reales de la persona.

04

Respetar

Entender que el objetivo debe ser mejorar posibilidades de comunicación y bienestar, no imponer una forma concreta de comunicarse.

Si después de una valoración se concluye que la comunicación oral no es una vía adecuada, existen otras formas de comunicación que también pueden ser plenamente válidas.

Para mí lo importante no es que una persona hable porque socialmente esperamos que hable.

Lo importante es que disponga de herramientas para expresar necesidades, decisiones, preferencias, rechazo, emociones y todo aquello que quiera comunicar.

Esa es mi forma personal de verlo.

No como una obligación de conseguir un determinado resultado, sino como una oportunidad de conocer mejor las posibilidades de una persona.

09

La primera valoración

Después de aquellos primeros días llegó una valoración de mis prácticas que, en aquel momento, interpreté como una confirmación de que estaba avanzando en la dirección correcta.

En un momento determinado me llamaron para hablar sobre cómo estaban evolucionando mis prácticas.

Yo seguía teniendo muchas dudas.

Seguía aprendiendo.

Seguía observando.

Y seguía intentando saber si las decisiones que estaba tomando eran adecuadas.

Durante aquella conversación me dijeron que estaba haciendo un buen trabajo y la valoración que recibí fue muy positiva.

Primera evaluación

La valoración de mi trabajo fue positiva.

Para alguien que había comenzado aquellos días con una inseguridad enorme, recibir ese mensaje tuvo un peso importante.

Yo interpreté aquella valoración como una señal de que las decisiones que había ido tomando mediante observación, prueba y adaptación habían sido, al menos hasta aquel momento, positivas.

Eso me dio algo más de confianza.

Y esa confianza era especialmente importante porque, aunque desde fuera quizás no fuera evidente, para mí aquellas prácticas estaban suponiendo un esfuerzo enorme.

Dos realidades al mismo tiempo

Podía estar avanzando y, al mismo tiempo, estar haciendo un esfuerzo enorme

01

Desde fuera

Había progresos

Participaba más, tomaba decisiones, intentaba ayudar y recibía una valoración positiva de mi trabajo.

02

Por dentro

El esfuerzo era enorme

Seguía procesando constantemente el entorno, intentando interpretar situaciones y gestionando una inseguridad muy elevada.

Para mí, ambas cosas podían ser verdad al mismo tiempo.

Podía estar haciendo bien determinadas cosas y, aun así, terminar el día completamente agotado.

Podía disfrutar ayudando y, al mismo tiempo, sentir una sobrecarga enorme.

Podía empezar a sentirme más seguro en algunas situaciones y continuar teniendo dudas constantes en otras.

Aquella primera valoración me ayudó a continuar.

El problema es que, aproximadamente una semana después, recibí otra valoración que interpreté de una manera completamente diferente.

Y fue entonces cuando gran parte de la seguridad que había conseguido construir empezó a desaparecer.

10

El coste invisible de las prácticas

Mientras intentaba aprender, observar, participar y ayudar, había otra parte de la experiencia que ocurría casi completamente por dentro.

Para mí, todo aquel proceso suponía una carga enorme.

Estaba en un entorno que todavía no conocía completamente, rodeado de personas nuevas, intentando comprender dinámicas nuevas y procesando continuamente una cantidad enorme de información.

A eso había que añadir una carga sensorial muy elevada, una inseguridad constante y un cansancio mental extremadamente fuerte.

Cuanto mayor era el cansancio, más difícil me resultaba procesar todo con claridad.

Y cuanto menos claramente podía procesar determinadas situaciones, más inseguridad aparecía.

El círculo que podía generarse

Sobrecarga, cansancio e inseguridad podían alimentarse entre sí

01

Más estímulos

Más información sensorial, social y contextual que procesar.

02

Más cansancio

El esfuerzo acumulado iba reduciendo mi capacidad para procesar con la misma claridad.

03

Más dudas

Cuando me costaba interpretar algo, aumentaba mi inseguridad.

04

Más esfuerzo

Intentaba compensarlo analizando todavía más lo que estaba ocurriendo.

Desde fuera, todo esto podía no ser evidente.

Yo podía continuar hablando, participando, ayudando o intentando resolver situaciones.

Pero que pudiera seguir haciéndolo no significaba que internamente el coste fuera pequeño.

Dos capas de una misma experiencia

Lo que podía verse y lo que podía quedar oculto

Visible

  • Participar.
  • Observar.
  • Jugar.
  • Ayudar.
  • Hablar con otras personas.
  • Tomar algunas iniciativas.

Invisible

  • Sobrecarga sensorial.
  • Procesamiento constante.
  • Inseguridad.
  • Miedo a equivocarme.
  • Agotamiento mental.
  • Esfuerzo por interpretar continuamente el entorno.

Además, estaba trabajando con personas que prácticamente no me conocían.

Ellas no sabían necesariamente cómo decirme determinadas cosas para que yo pudiera interpretarlas correctamente.

Tampoco conocían toda mi experiencia anterior, mi manera de aprender, mi forma de analizar determinadas conductas ni aquello que podía ayudarme cuando aparecía la inseguridad.

Y eso podía generar situaciones en las que una persona intentaba comunicarme algo de una manera completamente normal para ella, pero yo lo procesaba de una forma mucho más intensa.

Además, intento evitar los conflictos siempre que puedo.

Para mí, una situación de conflicto puede generar todavía más inseguridad, más cansancio y más agotamiento mental.

Por eso, cuando una conversación empieza a convertirse en algo que no consigo comprender o gestionar bien, muchas veces mi reacción no es enfrentarme.

Mi reacción puede ser intentar terminar la situación y después seguir procesándola internamente durante mucho tiempo.

11

La segunda valoración

Aproximadamente una semana después de aquella primera valoración positiva, pedí volver a hablar sobre cómo estaba realizando las prácticas.

Fui yo quien quiso pedir una nueva valoración.

Saber cómo estoy haciendo las cosas me ayuda.

Necesito saber qué funciona, qué puedo mejorar y qué debería hacer de otra manera.

Después de la primera valoración positiva, esperaba encontrarme con una conversación parecida: saber qué estaba funcionando y qué debía continuar mejorando.

Pero la conversación fue muy diferente de lo que esperaba.

Cómo lo procesé

Dos mensajes que yo no conseguía encajar

Antes

«Lo estás haciendo bien.»

Yo había interpretado la primera valoración como una confirmación de que mi manera de trabajar estaba siendo adecuada.

Después

«Se ha generado demasiada dependencia.»

Yo interpreté que algo que anteriormente parecía correcto se había convertido de repente en un problema.

Se me señaló que aquella persona había generado demasiada dependencia hacia mí.

Y ahí apareció una contradicción que, en aquel momento, fui incapaz de resolver.

Mi pensamiento fue aproximadamente:

Yo ya había detectado que existía un vínculo fuerte.

También entendía que debía vigilarse que ese vínculo no terminara dificultando la autonomía.

Eso podía comprenderlo.

Lo que no conseguía comprender era dónde estaba exactamente el límite que se consideraba problemático y qué debía modificar de mi manera de actuar.

Intenté hablarlo.

Intenté explicar cómo estaba viendo yo la situación.

Pero no conseguí construir una explicación que mi cabeza pudiera utilizar como una instrucción clara.

Lo que me habría ayudado

Convertir una crítica general en información concreta

01

Qué conducta

Qué estaba haciendo exactamente que debía cambiar.

02

En qué momento

En qué situaciones concretas aparecía el problema.

03

Qué alternativa

Qué podía hacer en su lugar cuando volviera a ocurrir.

04

Qué mantener

Qué partes de mi actuación sí eran adecuadas y no necesitaba abandonar.

Como no conseguí resolver aquella contradicción, mi inseguridad aumentó enormemente.

Y el efecto fue prácticamente el contrario al que seguramente se pretendía conseguir.

Durante los días siguientes dejé de confiar tanto en mi propio criterio.

Empecé a preguntar constantemente qué debía hacer.

Dejé de tomar muchas de las iniciativas que antes tomaba.

Era como si hubiera retrocedido hasta los primeros días de las prácticas.

Antes

Observo → pienso → actúo

Después

Observo → dudo → pregunto

No digo que aquella corrección no debiera hacerse.

Si existía algo que debía modificar, evidentemente necesitaba saberlo.

Mi reflexión es otra: la manera en la que una corrección se explica puede ser tan importante como la propia corrección.

12

Vínculo, confianza y dependencia

Esta es probablemente una de las partes más discutibles de mi reflexión. No pretendo establecer una verdad profesional: explico cómo lo interpreté yo.

Personalmente, no considero que un vínculo fuerte, la confianza o cierto grado de dependencia sean automáticamente negativos.

Para mí la pregunta importante es: ¿hasta qué punto existe ese vínculo y qué consecuencias está teniendo?

Evidentemente, si una persona deja de poder realizar cosas que antes hacía de manera autónoma porque necesita constantemente a otra persona, tendríamos un problema que habría que valorar.

Si el vínculo impide relacionarse con otras personas, participar sin esa figura o desarrollar autonomía, también sería razonable preguntarse si hay que modificar algo.

Pero yo no estaba viendo la situación de esa manera.

Cómo lo razonaba yo

Para mí, la cuestión no era simplemente si existía un vínculo

01

¿Favorece participación?

¿La confianza facilita que la persona se acerque a actividades que anteriormente evitaba?

02

¿Favorece seguridad?

¿Ese vínculo proporciona una referencia que permite explorar el entorno con mayor tranquilidad?

03

¿Reduce autonomía?

¿La persona deja de hacer cosas que podría realizar sin esa figura?

04

¿Bloquea otros vínculos?

¿Impide relacionarse con otras personas o aceptar su apoyo?

Desde mi perspectiva de aquel momento, yo veía que la persona participaba mucho más que al principio y podía pasar una parte considerable del día jugando o participando sin estar permanentemente conmigo.

Por eso me costaba interpretar que el vínculo fuera necesariamente negativo.

Yo lo veía más como una base de confianza que había permitido conseguir determinados avances.

Eso no significa que desde fuera la situación se viera igual.

Y aquí está precisamente una de las limitaciones de mi propia experiencia: yo estaba dentro del vínculo.

Una persona externa podía observar cosas que yo no veía.

Del mismo modo, yo podía estar percibiendo pequeños cambios y respuestas que quizá desde fuera pasaban más desapercibidos.

Mi perspectiva

La confianza estaba facilitando avances

Yo observaba más participación, interacción y oportunidades que al comienzo.

Otra perspectiva posible

El vínculo podía estar siendo demasiado intenso

Desde fuera podían existir señales que justificaran vigilar que esa confianza no se transformara en una dependencia limitante.

No sé cómo valoraría exactamente aquel caso un psicólogo después de analizar toda la situación.

Y no pretendo sustituir esa valoración profesional con mi opinión.

Lo que sí puedo explicar es que yo necesitaba comprender mucho mejor qué estaban viendo desde fuera y por qué lo consideraban un problema.

Pregunté e intenté comprenderlo, pero en aquel momento no conseguí hacerlo completamente.

Y esa falta de comprensión fue una de las cosas que más aumentó mi inseguridad durante los días siguientes.

13

Una frase que me afectó profundamente

Durante aquella conversación hubo una frase que interpreté de una manera especialmente dura y que cambió temporalmente mi percepción del entorno.

En aquella reunión se dijo algo que, en mi caso, generó una desconfianza muy elevada.

La frase, tal y como yo la recuerdo, fue aproximadamente:

Tal y como la recuerdo

«Es un menor con discapacidad. No se tiene que trabajar nada ni potenciar nada.»

Repito: esta es la frase tal y como yo la recuerdo y, sobre todo, lo importante para esta reflexión es cómo la interpretó mi cabeza.

Dependiendo de cómo se me dicen determinadas cosas, puedo interpretarlas de una forma mucho más literal o extrema de lo que la otra persona pretendía.

Y aquella frase mi cabeza la tradujo prácticamente así:

Comunicación e interpretación

Entre lo que se dice y lo que la otra persona recibe puede existir una distancia enorme

01

Las palabras que escuché

No hay que trabajar ni potenciar nada

Esa fue la idea que quedó grabada en mi cabeza durante aquella conversación.

02

Cómo lo procesé

«Entonces, ¿por tener una discapacidad dejamos de tener capacidades que desarrollar?»

Esa interpretación fue la que me produjo un impacto emocional mucho mayor.

Mi pensamiento se fue inmediatamente a un lugar que seguramente iba mucho más lejos de lo que pretendía aquella conversación.

Pensé: ¿entonces por tener una discapacidad somos inútiles?

¿No sabemos hacer nada?

¿Es mejor dejarnos en un rincón y no intentar descubrir qué podemos hacer?

Sé perfectamente que probablemente esas no eran las palabras ni la intención que se quería transmitir.

Pero eso fue lo que mi cabeza construyó a partir de aquella frase.

Para mí esta experiencia demuestra precisamente eso.

A veces una frase puede parecer completamente normal para quien la pronuncia y generar una interpretación extraordinariamente negativa en quien la recibe.

No necesariamente porque alguien haya hablado con mala intención.

Simplemente porque nuestras maneras de procesar el lenguaje pueden ser diferentes.

14

¿Qué habría ocurrido si nadie hubiera potenciado mis capacidades?

Aquella interpretación me llevó inevitablemente a pensar en mi propia historia y en todas las oportunidades que he tenido para aprender.

La pregunta que inmediatamente me vino a la cabeza fue: ¿cómo estaría yo hoy si nadie hubiera intentado potenciar mis capacidades?

¿Qué habría ocurrido si cada vez que algo me costaba alguien hubiera decidido simplemente que no valía la pena intentarlo?

¿Qué habría pasado si mis dificultades hubieran servido para definir automáticamente mis límites?

Las preguntas que me surgieron

¿Dónde estaría yo ahora?

01

¿Qué capacidades habría dejado de desarrollar?

02

¿Qué cosas habría aprendido mucho más tarde?

03

¿Qué oportunidades habría perdido?

04

¿Qué habría ocurrido si mis dificultades hubieran sido lo único que los demás vieran en mí?

En aquel momento mi cabeza incluso llegó a formular preguntas mucho más extremas.

Pensé en cómo habría sido mi vida si se hubiera asumido desde el principio que, por tener una discapacidad, no había nada que potenciar.

Me pregunté si habría tenido la misma autonomía, las mismas oportunidades o la posibilidad de desarrollar las capacidades que tengo actualmente.

Esas preguntas pueden sonar exageradas fuera del contexto de aquel momento.

Pero sirven para explicar hasta qué punto aquella frase activó en mí una reflexión mucho más amplia sobre discapacidad, expectativas y oportunidades.

CAPACIDAD
AUSENCIA DE DISCAPACIDAD

Tener una discapacidad no significa no tener capacidades.

Tampoco significa que todas las personas puedan alcanzar exactamente los mismos objetivos ni que debamos exigir a alguien aquello que no puede o no quiere hacer.

Para mí significa otra cosa: no deberíamos decidir de antemano que una capacidad no existe únicamente porque todavía no la hemos visto.

01

Potenciar no es forzar

Ayudar a desarrollar una capacidad no debería significar obligar a una persona a alcanzar un objetivo que no respeta sus necesidades.

02

Adaptar no es rendirse

Modificar el camino puede ser precisamente lo que permite que una persona avance.

03

Respetar no es abandonar

Respetar los límites de una persona es compatible con ofrecer oportunidades para aprender, explorar y desarrollarse.

Evidentemente, cada persona tiene sus propios límites, necesidades, capacidades y preferencias.

No todas las personas necesitan lo mismo.

No todas avanzarán de la misma manera.

Y no todo tiene que convertirse en un objetivo.

Pero personalmente prefiero partir de una pregunta: «¿Qué posibilidades existen y cómo podemos explorarlas respetando a esta persona?»

Para mí esa pregunta es muy diferente de asumir desde el principio que no hay nada que hacer.

15

La continuidad de los apoyos

Otra cuestión que me hizo reflexionar fue qué ocurre cuando durante periodos largos desaparecen determinadas rutinas, intervenciones o apoyos que forman parte del día a día de una persona.

Personalmente me preocupa que algunas personas puedan pasar periodos largos, por ejemplo durante determinadas vacaciones, sin algunos de los apoyos profesionales que reciben habitualmente.

Desde mi perspectiva, varios meses pueden ser mucho tiempo cuando durante el resto del año se han estado trabajando determinadas habilidades, rutinas, estrategias o formas de comunicación.

Esto no significa que un monitor deba sustituir a un terapeuta durante ese periodo.

Tampoco significa convertir las vacaciones en una prolongación permanente de una sesión profesional.

Mi reflexión es que quizá determinadas habilidades, estrategias o rutinas puedan seguir teniendo continuidad dentro de la vida cotidiana cuando los profesionales responsables consideren que es adecuado y hayan dado orientaciones para hacerlo.

Una diferencia importante

Mantener una estrategia no significa sustituir al profesional

01

Profesional

Valora y establece criterios

Define objetivos, necesidades, estrategias y límites desde su ámbito profesional.

02

Entorno cotidiano

Puede dar continuidad

Familiares, educadores, monitores u otras figuras pueden aplicar determinadas orientaciones cuando sea apropiado.

03

Persona

Sigue siendo el centro

Cualquier continuidad debe respetar sus necesidades, bienestar, descanso, preferencias y evolución.

Creo que muchas habilidades se construyen precisamente mediante la repetición, la generalización y la posibilidad de utilizarlas en diferentes contextos.

Si durante el curso se ha encontrado una estrategia que ayuda a una persona a comunicar una necesidad, anticipar un cambio, regularse o participar, personalmente considero razonable preguntarse si esa estrategia puede seguir utilizándose en otros contextos.

Siempre, evidentemente, respetando las indicaciones de los profesionales responsables y sin asumir competencias que no corresponden.

Para mí, el equilibrio estaría precisamente ahí.

No abandonar automáticamente todo lo trabajado durante meses, pero tampoco transformar cualquier actividad cotidiana en una obligación terapéutica.

Mantener aquello que ayuda cuando tiene sentido.

Respetar el descanso cuando lo necesita.

Y, sobre todo, recordar que estamos acompañando a una persona, no ejecutando constantemente una lista de objetivos.

16

«Eres muy joven, no pienses que lo sabes todo»

Hubo otro comentario que también me hizo reflexionar profundamente sobre cómo valoramos el conocimiento, la experiencia y la edad de una persona.

Tal y como recuerdo el mensaje

«Eres muy joven. No pienses que lo sabes todo.»

Lo primero que quiero responder a esto es muy sencillo: no, no lo sé todo.

Más me gustaría.

Si supiera absolutamente todo, probablemente podría solucionar cualquier situación que apareciera delante de mí.

Y evidentemente eso no es así.

Hay situaciones que no sé resolver.

Hay conductas que inicialmente no entiendo.

Hay personas con necesidades que desconozco.

Hay profesionales que tienen conocimientos técnicos que yo no tengo.

Y también puedo equivocarme.

Punto de partida

Reconocer lo que no sé no elimina lo que sí he aprendido

01

Lo que reconozco

Tengo límites

  • Puedo equivocarme.
  • No conozco todos los casos.
  • No tengo todas las respuestas.
  • No sustituyo a profesionales especializados.
02

Lo que también existe

Tengo experiencia

  • Llevo años interesado en estos temas.
  • He observado muchas situaciones diferentes.
  • He aprendido de otras personas.
  • Sigo buscando información cuando no entiendo algo.

Lo que me cuesta aceptar es que la edad pueda utilizarse por sí sola para restar valor a todo lo que una persona ha aprendido.

Llevo interesándome por estos temas desde aproximadamente los doce años.

Desde entonces he intentado aprender, observar comportamientos, comprender situaciones y escuchar experiencias de otras personas.

También he visto situaciones muy complejas.

Algunas incluso suficientemente intensas como para enseñarme que detrás de una conducta puede haber muchísimo más de lo que vemos en los primeros segundos.

Por eso no pretendo saberlo todo.

Lo que intento es hablar desde lo que he vivido, desde lo que he aprendido y desde aquello que otras personas me han enseñado.

Y cuando aparece algo que no sé resolver, mi reacción suele ser investigar.

Buscar información.

Preguntar.

Comparar.

Volver a observar.

Intentar comprender dónde me he equivocado.

17

Ser autista también puede darme una perspectiva diferente

Tener una discapacidad no me convierte automáticamente en profesional, pero tampoco considero que mi propia experiencia deba ignorarse.

Hay otra parte de mi experiencia que considero relevante.

Yo también soy una persona autista.

Eso no significa que pueda comprender automáticamente a todas las personas autistas.

El autismo es extremadamente diverso y mi experiencia personal no representa la experiencia de todo el colectivo.

Tampoco significa que por ser autista pueda sustituir el conocimiento de un psicólogo, un logopeda, un terapeuta, un educador u otro profesional.

Pero sí considero que mi propia experiencia puede proporcionarme una perspectiva diferente sobre determinadas situaciones.

Dos fuentes de conocimiento

No tienen por qué competir

01

Formación profesional

Conocimiento técnico

Evaluación, metodología, herramientas profesionales, evidencia, experiencia clínica o educativa y conocimientos especializados.

02

Experiencia vivida

Conocimiento desde dentro

Saber cómo pueden sentirse determinadas sobrecargas, dificultades de comunicación, inseguridades, bloqueos o necesidades porque algunas de ellas también forman parte de mi experiencia.

Dos perspectivas diferentes que pueden complementarse cuando existe escucha mutua.

A veces puedo observar una conducta y plantearme posibilidades que nacen de mi propia experiencia.

Por ejemplo, puedo preguntarme si una persona se está apartando porque hay demasiado ruido.

Si está evitando una actividad porque no entiende qué ocurrirá después.

Si aparentemente no responde porque necesita más tiempo para procesar.

Si una reacción que desde fuera parece desproporcionada puede ser el final de una acumulación de estímulos que nadie ha visto.

O si una conducta que parece simplemente problemática puede estar intentando comunicar algo.

Antes de juzgar una conducta

Algunas preguntas que intento hacerme

01

¿Hay demasiado ruido, luz, movimiento u otros estímulos?

02

¿Entiende qué está ocurriendo y qué ocurrirá después?

03

¿Estamos dejando suficiente tiempo para procesar?

04

¿Existe alguna necesidad que no está pudiendo comunicar de otra manera?

05

¿Estamos viendo el inicio del problema o solamente su resultado final?

06

¿Estamos intentando cambiar la conducta sin comprender antes qué la está provocando?

Eso no significa que mi primera interpretación sea siempre correcta.

Precisamente por eso observo y compruebo.

Mi experiencia puede ayudarme a formular una hipótesis, pero la respuesta de la persona es la que me obliga a revisar si esa hipótesis tenía sentido.

Para mí, el escenario ideal no sería elegir entre conocimiento profesional o experiencia vivida.

Sería poder juntar ambas cosas.

Que un profesional pueda aportar lo que yo no sé.

Que yo pueda aportar aquello que he aprendido desde mi experiencia.

Y que ninguna de las dos perspectivas necesite anular a la otra para tener valor.

18

¿Qué hago cuando no sé cómo ayudar?

No siempre conozco la respuesta. De hecho, muchas veces la parte más importante empieza precisamente cuando reconozco que todavía no la tengo.

Cuando llego a un lugar nuevo y no conozco a una persona, normalmente no intento construir inmediatamente una estrategia completa.

Primero observo.

Miro cómo se mueve.

Cómo reacciona.

Cómo se comunica.

Cómo interactúan con ella las personas que ya la conocen.

Qué parece funcionar.

Y también intento detectar dónde una interacción parece dejar de funcionar.

Mi proceso personal

Construir una estrategia poco a poco

No es un protocolo profesional. Es la manera en la que personalmente intento comprender situaciones que todavía no conozco.

  1. 01

    Primero

    Observo

    Intento conocer a la persona antes de decidir qué necesita.

  2. 02

    Después

    Miro las interacciones

    Observo cómo responden otras personas y qué ocurre después de cada interacción.

  3. 03

    A continuación

    Identifico lo que funciona

    Si una forma de comunicarse, una actividad o una adaptación parece ayudar, intento comprender qué elemento puede estar funcionando.

  4. 04

    También

    Busco dónde aparece el problema

    Intento detectar qué ocurrió antes de una reacción, no solamente mirar la reacción final.

  5. 05

    Entonces

    Creo una hipótesis

    Intento encontrar una explicación posible que encaje con lo que he observado.

  6. 06

    Con prudencia

    Pruebo un cambio

    Modifico una pequeña parte de la interacción y observo la respuesta.

  7. 07

    Finalmente

    Reviso mi estrategia

    Si funciona, puedo mantenerla. Si no funciona, intento comprender por qué y cambiarla.

A veces me equivoco.

Y cuando trabajas con personas, un error puede tener consecuencias.

Por eso intento que las pruebas sean pequeñas, observables y reversibles siempre que sea posible.

Especialmente porque sé que la confianza puede tardar mucho en construirse y muy poco en deteriorarse.

Cuando algo no funciona

Equivocarme no puede ser el final del proceso

01 Detectar
02 Parar
03 Entender
04 Corregir
05 Aprender

Para mí, aprender a ayudar no consiste en no equivocarse nunca.

Consiste también en detectar cuándo algo no está funcionando y tener la capacidad de modificarlo.

Esto es especialmente importante cuando una persona necesita mucha confianza para relacionarse.

Un error importante puede deteriorar esa confianza y después puede ser muy difícil recuperarla.

Por eso intento observar antes de actuar y corregir rápidamente cuando veo que una estrategia no está funcionando.

Y precisamente todo esto me lleva a una de las preguntas más difíciles que me dejó aquella experiencia.

Porque una cosa es preguntarme si tengo habilidades para ayudar a otras personas.

Y otra muy diferente es preguntarme si puedo desarrollar esas habilidades dentro de un sistema profesional en el que yo también necesito determinadas adaptaciones.

19

¿Realmente estoy capacitado para hacer esto?

Después de todo lo vivido, esta es probablemente una de las preguntas más importantes que me han dejado aquellas prácticas.

A día de hoy sigo preguntándome: ¿realmente estoy capacitado para dedicarme a algo así?

Es una pregunta extraña porque, por una parte, sé que tengo experiencia.

Sé que tengo determinadas habilidades.

Y personas muy cercanas a mí me han dicho en diferentes ocasiones que tengo una capacidad poco habitual para conectar con determinadas personas.

Pero, por otra parte, después de esta experiencia no puedo decir que me sienta completamente seguro de que este sea mi lugar.

Y todavía no tengo una respuesta definitiva.

Tampoco quiero obligarme a tenerla ahora mismo.

Una distinción que necesito hacer

¿No puedo hacerlo o no encajo en la manera en que está organizado?

01

Capacidad

¿Tengo habilidades para ayudar?

Aquí veo elementos que me hacen pensar que sí existen capacidades que podría seguir desarrollando.

02

Encaje

¿Puedo hacerlo dentro del sistema actual?

Aquí aparecen muchas más dudas: comunicación, sobrecarga, inseguridad, funcionamiento del entorno y necesidad de adaptaciones.

Y esta diferencia me parece fundamental.

Porque quizá la pregunta no sea solamente si tengo capacidad para ayudar.

Quizá también debería preguntarme en qué condiciones puedo utilizar correctamente esa capacidad sin destruirme por el camino.

Desde mi experiencia, el sistema tal y como lo he conocido no parece estar especialmente adaptado a mi manera de funcionar.

Hay determinadas dinámicas dentro de un centro que me cuesta comprender.

Y no solamente dentro de un centro.

Hay determinadas conductas y maneras de relacionarnos fuera de estos entornos que tampoco termino de comprender.

Eso me hace preguntarme si el problema está realmente en mi capacidad para realizar el trabajo o en la compatibilidad entre mi forma de funcionar y determinadas estructuras profesionales.

No lo sé.

Y precisamente porque no lo sé, considero que es una duda que merece ser analizada con calma.

Es posible que en algún momento busque el acompañamiento de un psicólogo para poder valorar esta cuestión desde una perspectiva externa.

No para que alguien decida por mí qué puedo o no puedo hacer, sino para ayudarme a distinguir mejor entre mis capacidades, mis límites, las adaptaciones que puedo necesitar y el tipo de entorno profesional en el que podría funcionar mejor.

No busco una respuesta de sí o no

¿Qué se me da bien?
¿Qué me cuesta?
¿Qué puedo aprender?
¿Qué necesito adaptar?
¿Qué entorno necesito?
¿Dónde están mis límites?

Quizá después de analizarlo llegue a la conclusión de que este camino no es para mí.

O quizá descubra exactamente lo contrario.

Quizá sí pueda hacerlo, pero necesite hacerlo de otra manera.

Ahora mismo no quiero cerrar ninguna de esas posibilidades.

20

Si quisiera dedicarme a ayudar, ¿qué profesión encajaría conmigo?

Esta es otra pregunta para la que, sorprendentemente, todavía no he encontrado una respuesta que me convenza completamente.

Si dependiera únicamente de mis ganas, probablemente sí intentaría dedicarme profesionalmente a ayudar de una forma más especializada.

Incluso la terapia es un ámbito que me genera interés porque siento que determinadas partes podrían encajar bastante bien con algunas de mis habilidades.

El problema es que actualmente no me siento preparado para estudiar cualquier formación necesaria sin saber primero cuál encaja realmente con lo que quiero hacer.

Integración social, logopedia, psicología, diferentes perfiles terapéuticos…

Existen muchas profesiones relacionadas con el acompañamiento, la educación, la comunicación y la discapacidad.

Pero yo todavía no tengo claro cuál corresponde exactamente a la forma en la que me gustaría ayudar.

Antes que el nombre de un título

Tengo más claro cómo quiero ayudar que cómo se llama la profesión

01

Observar

Comprender primero qué puede estar ocurriendo antes de intervenir.

02

Adaptar

Buscar alternativas ajustadas a las necesidades de cada persona.

03

Acompañar

Construir seguridad y confianza sin convertir el apoyo en una limitación.

04

Potenciar

Explorar capacidades sin imponer objetivos que no respeten a la persona.

05

Comprender

Buscar qué existe detrás de una conducta antes de quedarme solamente con lo que se ve.

06

Aprender

Incorporar conocimiento nuevo cada vez que encuentro algo que todavía no sé resolver.

He intentado preguntar a profesionales qué formación podría encajar mejor con este perfil.

Sin embargo, muchas veces he sentido que la pregunta se evitaba o que no conseguía una respuesta suficientemente clara.

Y eso, en ocasiones, también me ha llevado a preguntarme si algunas personas pueden considerar que, por ser autista, este tipo de profesiones no son un camino adecuado para mí.

No puedo saber si realmente alguien lo piensa.

Sería injusto afirmarlo sin saberlo.

Pero sí puedo decir que esa duda ha aparecido en mi cabeza cuando no he encontrado respuestas claras.

Otra reflexión personal

¿Qué significa realmente estar preparado?

Formación

El conocimiento académico importa

Una formación puede aportar teoría, metodología, herramientas, criterios, supervisión y conocimientos que difícilmente se adquieren únicamente mediante experiencia personal.

Experiencia

Saber aplicar también importa

La práctica permite aprender a enfrentarse a situaciones reales, adaptarse, interpretar respuestas y desarrollar habilidades que no siempre pueden aprenderse únicamente en un aula.

Si dependiera de mí, estudiaría todos los ámbitos que fueran necesarios.

Psicología, comunicación, intervención, educación, conducta, regulación, discapacidad…

No porque crea que necesite acumular títulos para demostrar algo.

Lo haría porque cada formación podría enseñarme cosas que actualmente desconozco y darme nuevas herramientas e ideas.

Al mismo tiempo, sigo creyendo que un papel que acredita que una persona ha estudiado algo no demuestra por sí solo que esa persona sepa aplicar correctamente todo lo aprendido.

Una titulación acredita una formación.

No puede acreditar automáticamente sensibilidad, capacidad de conexión, experiencia práctica, motivación, flexibilidad o vocación.

Por eso, si algún día decido seguir este camino, no querría elegir entre una cosa y la otra.

Querría tener ambas.

Formación suficiente para saber qué estoy haciendo y cuáles son mis límites profesionales.

Y experiencia suficiente para saber adaptar ese conocimiento cuando delante de mí haya una persona real y no un ejemplo escrito en un libro.

21

Para mí, ayudar tiene un valor que va mucho más allá de un trabajo

Hay algo que sí tengo mucho más claro: la razón por la que todo esto me importa.

Tengo pasión por aprender sobre estos temas.

Tengo ilusión.

Y muchas veces veo oportunidades donde otras personas quizá todavía no las ven.

Eso no significa que esas oportunidades siempre existan.

Tampoco significa que siempre tenga razón.

Significa que tengo una tendencia muy fuerte a preguntarme si todavía queda algo que podamos intentar comprender, adaptar o mejorar.

Si pudiera adquirir todo el conocimiento que necesitara para hacerlo correctamente, lo haría.

Si tuviera que estudiar diferentes disciplinas para comprender mejor lo que hago, también.

Porque el conocimiento no me interesa solamente como una forma de conseguir un título.

Me interesa por lo que podría permitirme hacer con él.

Para mí existe una diferencia entre ejercer una profesión únicamente porque necesitas tener un trabajo y ejercerla porque, además, aquello que haces te importa profundamente.

Evidentemente, todas las personas trabajan también para vivir y cobrar por un trabajo profesional es completamente legítimo.

Mi reflexión no pretende juzgar las motivaciones de nadie.

Hablo únicamente de lo que yo buscaría en mi propio camino.

Si algún día doy ese paso

01 Formación
02 Experiencia
03 Vocación
04 Escucha
05 Autocrítica
06 Respeto

También tendría que aceptar algo fundamental: querer ayudar no significa que siempre vaya a saber cómo hacerlo.

La pasión sin conocimiento puede ser insuficiente.

El conocimiento sin capacidad de revisar los propios errores también puede ser insuficiente.

Por eso, si algún día termino dedicándome profesionalmente a este ámbito, quiero seguir aprendiendo siempre.

22

Todavía no sé cuál es mi lugar

Quizá esa sea precisamente la conclusión más sincera que puedo extraer de toda esta experiencia.

Después de todo lo ocurrido, todavía no puedo responder con seguridad a la pregunta de si este es el trabajo adecuado para mí.

Hay una parte de mí que piensa que sí.

Porque disfruto ayudando.

Porque me interesa comprender.

Porque cuando consigo que algo mejore siento que todo el esfuerzo ha tenido sentido.

Pero también existe otra parte que recuerda el cansancio, la sobrecarga, la inseguridad y la dificultad para comprender determinadas dinámicas del sistema.

Lo que me acerca

  • La conexión con las personas.
  • El interés por comprender.
  • La satisfacción de observar pequeños avances.
  • Las ganas de seguir aprendiendo.
  • La posibilidad de utilizar mi propia experiencia para aportar otra perspectiva.

Lo que me hace dudar

  • La sobrecarga sensorial.
  • El agotamiento mental.
  • La inseguridad ante mensajes contradictorios.
  • Determinadas dinámicas que me cuesta interpretar.
  • La sensación de que el sistema no siempre contempla que quien acompaña también puede necesitar adaptaciones.

Y quizá por eso mi conclusión no es: «sirvo» o «no sirvo».

Mi conclusión es que todavía tengo que descubrir dónde, cómo y en qué condiciones puedo aportar lo mejor de mí.

También creo que queda mucho por mejorar en determinados sistemas para que las propias personas con discapacidad podamos participar en ellos no solamente como personas que reciben apoyo, sino también como personas capaces de proporcionarlo.

Porque una persona puede necesitar adaptaciones y, al mismo tiempo, tener muchísimo que aportar.

Esta experiencia me ha dejado dudas, pero también muchas preguntas que considero necesarias.

Me ha hecho cuestionarme qué significa realmente ayudar.

Qué significa acompañar.

Qué diferencia existe entre generar confianza y generar dependencia.

Cómo debería comunicarse una corrección.

Qué valor tienen la formación y la experiencia.

Y qué puede aportar una persona con discapacidad dentro de un ámbito que tradicionalmente la ha situado principalmente en el otro lado de la intervención.

No tengo respuestas definitivas para todas esas preguntas.

Pero precisamente por eso considero importante plantearlas.

Una última reflexión

Quizá todavía no sepa exactamente dónde terminaré.

Lo que sí sé es que quiero continuar aprendiendo, preguntando, observando y buscando maneras de comprender mejor a las personas.

Si algún día encuentro la formación, el lugar y la manera adecuada de convertir todo eso en una profesión, quiero hacerlo con conocimiento, experiencia, responsabilidad y respeto.

Y si algo no sé hacerlo hoy, seguiré intentando aprenderlo mañana.

Nota final

Esta es una experiencia, no una verdad universal

Este artículo recoge mi experiencia personal, mis pensamientos y mi forma de interpretar determinadas situaciones vividas durante unas prácticas.

No pretende desacreditar a ningún profesional, centro, trabajador, familia ni persona.

Tampoco pretende establecer cómo debe actuarse en todos los casos relacionados con autismo, discapacidad o educación especial.

Cada persona es diferente y cualquier intervención profesional debe adaptarse individualmente y realizarse dentro de las competencias, conocimientos y responsabilidades que correspondan.

El objetivo de compartir esta experiencia es aportar una perspectiva personal sobre algo que a veces puede quedar invisible: cómo puede vivir e interpretar una persona autista determinadas situaciones cuando pasa de recibir apoyos a intentar participar también en el acompañamiento de otras personas.

Scroll al inicio