Introducción
Cada año, cuando se acerca la verbena de San Juan, muchas personas piensan en fiesta, celebración y fuegos artificiales. Para algunas personas autistas, en cambio, puede ser uno de los días más difíciles del año.
Soy una persona autista y quiero explicar cómo vivo el día de San Juan desde dentro: no como una teoría, sino como una experiencia personal real. Para mí, estos días pueden significar estrés, ansiedad, sobresaltos, dolor físico, agotamiento mental y una gran sensación de incomprensión.
No es simplemente que los petardos no me gusten. Es que mi cuerpo y mi cerebro los procesan de una forma mucho más intensa. Comparto esta experiencia porque muchas personas desconocen cómo puede afectar realmente el ruido de los petardos a una persona autista o a alguien con sensibilidad sensorial.
¿Por qué los petardos afectan tanto a algunas personas autistas?
El autismo puede estar acompañado de diferencias en el procesamiento sensorial. Esto significa que el cerebro puede percibir determinados estímulos de forma mucho más intensa que otras personas. Los sonidos fuertes, repentinos e imprevisibles son un ejemplo; para algunas personas, un petardo puede sentirse como una explosión inesperada que activa una reacción inmediata de alarma.
No influye únicamente el volumen. También importa cómo aparece el sonido: de golpe, sin aviso, sin control y, muchas veces, repetido durante horas o varios días. La experiencia es individual: una persona puede sobresaltarse y seguir con su día, mientras otra puede experimentar una sobrecarga sensorial.
- La imprevisibilidad del sonido.
- La repetición constante de explosiones.
- La vibración que puede sentirse en el cuerpo.
- La imposibilidad de anticiparse.
- La sensación de no poder escapar del ruido.
- El cansancio acumulado después de muchas horas en alerta.
Un petardo no es solo ruido. Para algunas personas autistas puede ser sobresalto, dolor, alerta y agotamiento.
El problema empieza mucho antes de la verbena
La verbena de San Juan se celebra tradicionalmente durante la noche del 23 al 24 de junio. Sin embargo, en la práctica, los petardos pueden empezar antes, según el lugar y las costumbres. Si se escuchan durante la mañana del día 23, el día 22 o incluso días anteriores, el problema deja de ser solo una noche concreta y se convierte en varios días de ruido imprevisible.
Lo que más me cuesta entender es precisamente eso: si la celebración principal es durante una noche concreta, ¿por qué muchas personas empiezan a tirar petardos antes? Para una persona con sensibilidad auditiva, esa incertidumbre prolonga el malestar. Cuesta relajarse porque en cualquier momento puede producirse una explosión inesperada.
La anticipación es muy importante. Si hubiera horarios claros, muchas personas podríamos prepararnos mejor, protegernos antes y organizar la rutina para reducir el impacto sensorial. Cuando no sabes cuándo va a sonar el siguiente petardo, el cuerpo puede mantenerse en alerta durante horas o días, y eso agota muchísimo.
Tener que trabajar durante estos días
La vida no se detiene porque estés pasando un mal día sensorial. Hay que seguir trabajando, salir de casa, desplazarse, comprar, usar el transporte público o cumplir con otras obligaciones. Eso puede significar exponerse a los petardos incluso cuando sabes que te perjudican.
En mi caso, cuando escucho explosiones repetidas durante horas puedo sentir sobresaltos continuos, estrés acumulado, agotamiento, dolor de cabeza, molestias o presión en los oídos, dificultad para concentrarme, desregulación emocional y ganas de llorar.
- Sobresaltos constantes.
- Estrés acumulado durante todo el día.
- Dolor o presión en los oídos.
- Dolor de cabeza.
- Dificultad para concentrarme.
- Sensación de alerta continua.
- Ganas de aislarme o llorar.
- Agotamiento mental al final del día.
No es una cuestión de que no me gusten los petardos. Es una cuestión de que mi cuerpo y mi cerebro reaccionan de una forma diferente.
El problema cuando no puedes simplemente «evitarlo»
A veces se dice: «si te molestan los petardos, quédate en casa». Esa frase no tiene en cuenta la realidad de muchas personas. No siempre puedes quedarte en casa, faltar al trabajo, evitar salir o controlar lo que ocurre en la calle, en el barrio o cerca de tu puesto de trabajo.
Además, si una persona se encuentra mal y necesita justificarlo, puede tener que ir al médico. Para llegar allí también debe salir y exponerse al mismo ruido que ya le está perjudicando. Pedir ayuda debería facilitar la situación, pero en la práctica a veces implica exponerse todavía más.
Si no tienes informes médicos, adaptaciones reconocidas o un entorno laboral comprensivo, puede ser difícil explicar lo que ocurre sin que parezca una exageración o una excusa.
Cuando el mundo parece no estar hecho para ti
Hay momentos durante estos días en los que siento que el mundo no está diseñado para personas como yo. No porque todas las personas sean malas ni porque todo el mundo quiera hacer daño, sino porque las necesidades de las personas autistas, de las personas con discapacidad o de quienes tenemos sensibilidad sensorial muchas veces no se tienen en cuenta.
La mayoría de las personas puede disfrutar de los petardos sin mayores consecuencias. Pero quienes tenemos hipersensibilidad auditiva podemos vivir esos mismos días con sufrimiento real. A veces no duele solo el ruido; también duele sentir que la sociedad no entiende lo que ese ruido provoca.
La sensibilidad sensorial no desaparece por voluntad propia
No todas las personas se acostumbran a los petardos por exponerse muchas veces. Una persona puede aprender estrategias para protegerse, anticiparse, regularse o recuperarse después, pero eso no significa que el estímulo deje de doler, molestar o saturar.
En algunos casos, forzar demasiado la exposición puede aumentar el agotamiento, la ansiedad, la irritabilidad, el bloqueo o la necesidad de aislarse durante más tiempo. No hablamos de una manía ni de una preferencia, sino de una forma diferente de procesar el entorno. Las necesidades y respuestas varían entre personas.
¿Sirven los cascos antirruido?
Los cascos antirruido, los auriculares o los tapones auditivos pueden ayudar a algunas personas a reducir el impacto del sonido. Pero no eliminan necesariamente todas las vibraciones, los sobresaltos ni los estímulos del entorno. Su utilidad depende del dispositivo, del ajuste, del contexto y de las necesidades de cada persona.
Los cascos ayudan, pero no hacen magia: pueden reducir parte de la exposición y no convierten una explosión cercana en silencio. Por eso la responsabilidad no debería recaer únicamente en que la persona autista se proteja; también hacen falta conciencia social, respeto y límites.
Por qué un horario ayudaría mucho
Si existiera un horario claro para tirar petardos, muchas personas con sensibilidad sensorial podríamos prepararnos mejor. Anticipar permite cerrar ventanas, preparar una habitación tranquila, usar protección antes de que empiece el ruido, evitar desplazamientos y reducir otras exigencias durante ese momento.
No eliminaría completamente el problema, pero lo haría más manejable. El problema no es solo que haya una celebración, sino que se extienda durante días sin horarios claros, sin límites y sin pensar en las personas a las que puede afectar. La inclusión también es anticipación.
Lo que suele ayudarme durante San Juan
Cada persona autista es diferente. Lo que funciona para mí puede no funcionar para otra persona, pero algunas medidas pueden hacer que estos días sean un poco más llevaderos. En mi caso, me ayuda estar en un entorno tranquilo, tener libertad para usar protección auditiva y reducir los estímulos que se suman al ruido.
- Permanecer en casa cuando es posible.
- Utilizar auriculares, tapones o cascos antirruido.
- Tener preparada una habitación tranquila.
- Cerrar ventanas y persianas para reducir el impacto del sonido.
- Evitar zonas donde se concentra mucha gente o se tiran muchos petardos.
- Escuchar música relajante, ruido blanco o sonidos constantes.
- Reducir otras fuentes de estrés durante esos días.
- Avisar a personas cercanas de cómo me siento.
- No forzarme a participar en planes si mi cuerpo no puede.
Estas medidas no eliminan por completo el problema, pero pueden reducir el impacto, evitar una sobrecarga mayor y facilitar la recuperación.
El problema en el trabajo y en espacios no adaptados
En casa puedo ponerme cascos, cerrar ventanas, buscar una habitación tranquila o decidir no salir si estoy muy saturado. En el trabajo o en otros espacios sociales no siempre existe esa libertad. A veces no puedes usar protección auditiva porque se interpreta mal, apartarte porque debes atender o estar presente, o pedir adaptaciones porque el entorno no entiende la sensibilidad sensorial.
Muchas veces la sociedad obliga a funcionar como si todo el mundo tuviera el mismo sistema nervioso. Pero no es así: hay personas que toleran una noche de petardos y personas para las que esos sonidos pueden provocar dolor, miedo, bloqueo o agotamiento extremo.
Un mensaje para quienes no tienen sensibilidad sensorial
No pretendo que desaparezcan todas las celebraciones ni que todo el mundo deje de disfrutar de San Juan. Me gustaría que existiera más comprensión y que se entendiera que para algunas personas no es una fiesta divertida, sino una situación difícil de soportar.
Detrás de cada explosión puede haber una persona pasando un mal momento: una persona autista, alguien con ansiedad o estrés postraumático, una persona mayor, un bebé, alguien enfermo o un animal asustado. No se trata de prohibir la alegría, sino de celebrar con más conciencia, límites y respeto.
Lo que muchas personas no ven
Desde fuera, una persona autista puede parecer seria, cansada, irritable, distante o exagerada. Por dentro puede estar haciendo un esfuerzo enorme para no bloquearse, no llorar, no huir o no entrar en una sobrecarga sensorial. Muchas veces no se ve el esfuerzo que hacemos para aguantar situaciones que para otras personas son normales.
Para muchas personas autistas, los días con petardos no son solo días ruidosos. Son días de resistencia, regulación constante y recuperación posterior. No todas las personas viven el ruido igual: para algunas, una celebración puede convertirse en una sobrecarga.
También afecta a más personas, no solo al autismo
Aunque este artículo está escrito desde mi experiencia como persona autista, los petardos no afectan únicamente a las personas autistas. También pueden afectar a personas con ansiedad, migrañas, estrés postraumático, bebés, personas mayores, personas enfermas, personas con alta sensibilidad auditiva y animales.
Hablar de este tema no es pedir un trato especial. Es pedir una sociedad más consciente. Una sociedad puede celebrar sus tradiciones y, al mismo tiempo, pensar en quienes sufren con ciertas formas de celebración.
Qué podría mejorar la situación
- Establecer horarios más claros para el uso de petardos.
- Evitar tirarlos fuera de los días principales.
- Crear zonas más tranquilas o libres de pirotecnia.
- Informar mejor a la población sobre la sensibilidad sensorial.
- Respetar a quienes usan cascos, tapones o necesitan aislarse.
- Reducir el uso de petardos especialmente fuertes.
- Promover alternativas visuales o menos agresivas a nivel sonoro.
- Entender que no todo sufrimiento se ve desde fuera.
La inclusión no siempre consiste en hacer grandes cambios. A veces consiste en dejar de asumir que todo el mundo vive el entorno de la misma forma.
Reflexión final: San Juan no se vive igual para todo el mundo
Cada año espero que pase San Juan para recuperar la tranquilidad. Sé que no soy la única persona autista que vive estos días de esta manera. He querido compartir mi experiencia porque muchas veces hablamos del autismo de forma teórica, pero pocas veces explicamos cómo se siente vivir determinadas situaciones desde dentro.
Para muchas personas autistas, la verbena de San Juan no es una noche de fiesta. Puede ser una noche de sobresaltos, dolor, miedo, cansancio y necesidad de protección. Ojalá encontremos formas de celebrar que tengan más en cuenta a quienes vivimos el mundo de una manera distinta. No se trata de quitar la alegría a nadie, sino de sumar empatía, límites y respeto.
Preguntas frecuentes
¿Los petardos pueden provocar sobrecarga sensorial en personas autistas?
Sí. Los sonidos intensos, repentinos e imprevisibles pueden resultar especialmente difíciles para algunas personas autistas y contribuir a situaciones de sobrecarga sensorial.
¿Los cascos antirruido solucionan completamente el problema?
No siempre. Pueden reducir parte del ruido, pero no eliminan todas las vibraciones, sobresaltos ni estímulos asociados. Su utilidad depende del dispositivo, el entorno y las necesidades de cada persona.
¿Por qué afecta tanto que los petardos sean imprevisibles?
Porque resulta difícil anticipar cuándo se producirá el siguiente estallido. Esa incertidumbre puede mantener a la persona en estado de alerta e impedir que se relaje incluso durante los momentos de silencio.
¿Qué puede hacer una persona autista durante San Juan?
Preparar un espacio tranquilo, utilizar protección auditiva si le ayuda, planificar alternativas y pedir apoyo a personas de confianza. No existe una solución universal y nadie debería sentirse obligado a participar en celebraciones que le provocan malestar.
¿Qué puede hacer la sociedad para ayudar?
Respetar las zonas y horarios establecidos, evitar lanzar petardos cerca de personas o animales, informar previamente de actividades ruidosas y promover alternativas de celebración menos invasivas.
Fuentes y lecturas recomendadas
- National Autistic Society: procesamiento sensorial y sobrecarga.
- Autism Central (NHS): diferencias sensoriales y variabilidad entre personas.
- National Autistic Society: diferencias sensoriales y sonidos inesperados.
Estas fuentes contextualizan la explicación general. El relato en primera persona y las estrategias descritas reflejan la experiencia del autor, no una regla para todas las personas autistas ni una recomendación clínica universal.
