Experiencia personal real · Autismo y sensibilidad sensorial

Día de San Juan y autismo: una experiencia personal real con los petardos y la sensibilidad sensorial

Cada año, cuando se acerca la verbena de San Juan, muchas personas piensan en fiesta, celebración y fuegos artificiales. Para algunas personas autistas, en cambio, puede ser uno de los días más difíciles del año.

Soy una persona autista y quiero explicar cómo vivo el día de San Juan desde dentro: no como una teoría, sino como una experiencia personal real.

Cada año, cuando se acerca la verbena de San Juan, sé que voy a pasar uno de los días más difíciles del año. Aunque muchas personas viven estas fechas como una celebración llena de alegría, fuegos artificiales, reuniones y petardos, para mí representa algo muy diferente.

Para mí, estos días pueden significar estrés, ansiedad, sobresaltos, dolor físico, agotamiento mental y una gran sensación de incomprensión. No es simplemente que los petardos no me gusten. Es que mi cuerpo y mi cerebro los procesan de una forma mucho más intensa.

Quiero compartir esta experiencia porque muchas personas desconocen cómo puede afectar realmente el ruido de los petardos a una persona autista o a una persona con sensibilidad sensorial. Desde fuera puede parecer una molestia puntual, pero desde dentro puede sentirse como una situación muy difícil de soportar.

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Ruido intenso

Los petardos pueden generar sonidos muy fuertes, repentinos y difíciles de tolerar para personas con hipersensibilidad auditiva.

Imprevisibilidad

No saber cuándo va a explotar el siguiente petardo aumenta la tensión, el sobresalto y la sensación de peligro.

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Sobrecarga sensorial

La repetición constante del ruido puede provocar desregulación, agotamiento, bloqueo o necesidad urgente de aislarse.

¿Por qué los petardos afectan tanto a algunas personas autistas?

El autismo puede estar acompañado de diferencias en el procesamiento sensorial. Esto significa que el cerebro puede percibir determinados estímulos de forma mucho más intensa que otras personas.

Los sonidos fuertes, repentinos e imprevisibles son uno de los ejemplos más claros. Un petardo no es simplemente un ruido fuerte. Para muchas personas autistas puede sentirse como una explosión inesperada que activa una reacción inmediata de alarma.

El problema no es únicamente el volumen. También influye la forma en que aparece ese sonido: de golpe, sin aviso, sin control y muchas veces repetido durante horas o incluso durante varios días.

  • La imprevisibilidad del sonido.
  • La repetición constante de explosiones.
  • La vibración que puede sentirse en el cuerpo.
  • La imposibilidad de anticiparse.
  • La sensación de no poder escapar del ruido.
  • El cansancio acumulado después de muchas horas en alerta.

Mientras una persona puede escuchar un petardo, sobresaltarse un segundo y seguir con su día, otra persona puede experimentar una auténtica sobrecarga sensorial. Esa diferencia es importante, porque no todas las personas procesamos el entorno de la misma manera.

“Un petardo no es solo ruido. Para algunas personas autistas puede ser sobresalto, dolor, alerta y agotamiento.”

El problema empieza mucho antes de la verbena

La verbena de San Juan se celebra tradicionalmente durante la noche del 23 al 24 de junio. Sin embargo, en la práctica, los petardos suelen empezar mucho antes.

En algunos lugares ya se escuchan petardos durante la mañana del día 23. A veces incluso el día 22 o días anteriores. Esto hace que el problema no sea solo una noche concreta, sino varios días de ruido imprevisible.

Lo que más me cuesta entender es precisamente eso: si la celebración principal es durante una noche concreta, ¿por qué muchas personas empiezan a tirar petardos antes?

Para una persona con sensibilidad auditiva, esto supone prolongar el sufrimiento durante mucho más tiempo. No hablamos únicamente de unas horas. Hablamos de varios días en los que cuesta relajarse porque en cualquier momento puede producirse una explosión inesperada.

La anticipación es muy importante.
Si hubiera horarios claros, muchas personas podríamos prepararnos mejor, protegernos antes y organizar nuestra rutina para reducir el impacto sensorial.

Cuando no sabes cuándo va a sonar el siguiente petardo, el cuerpo se mantiene en alerta. Y mantenerse en alerta durante horas o días agota muchísimo.

Tener que trabajar durante estos días

Uno de los aspectos más complicados es que la vida no se detiene. Aunque estés pasando un mal día sensorial, tienes que seguir trabajando, salir de casa, desplazarte, comprar, usar el transporte público o cumplir con tus obligaciones.

Y eso significa exponerte igualmente a los petardos, incluso cuando sabes que te perjudican.

En mi caso, cuando escucho explosiones repetidas durante horas puedo sentir sobresaltos continuos, estrés acumulado, sensación de agotamiento, dolor de cabeza, molestias en los oídos, dificultad para concentrarme, desregulación emocional y ganas de llorar.

  • Sobresaltos constantes.
  • Estrés acumulado durante todo el día.
  • Dolor o presión en los oídos.
  • Dolor de cabeza.
  • Dificultad para concentrarme.
  • Sensación de alerta continua.
  • Ganas de aislarme o llorar.
  • Agotamiento mental al final del día.

No es una cuestión de que no me gusten los petardos. Es una cuestión de que mi cuerpo y mi cerebro reaccionan de una forma diferente.

El problema cuando no puedes simplemente “evitarlo”

Muchas veces se dice: “si te molestan los petardos, quédate en casa”. Pero esa frase no tiene en cuenta la realidad de muchas personas.

No siempre puedes quedarte en casa. No siempre puedes faltar al trabajo. No siempre puedes evitar salir. No siempre puedes controlar lo que ocurre en la calle, en el barrio o cerca de tu puesto de trabajo.

Además, si una persona se encuentra mal y necesita justificarlo, muchas veces tiene que ir al médico. Pero ahí aparece una contradicción absurda: para ir al médico también tienes que salir y exponerte al mismo ruido que ya te está perjudicando.

En teoría, pedir ayuda debería facilitar la situación. En la práctica, a veces puede implicar exponerse todavía más.

Y si no tienes informes médicos, adaptaciones reconocidas o un entorno laboral comprensivo, puede ser muy difícil explicar lo que ocurre sin que parezca una exageración o una excusa.

Cuando el mundo parece no estar hecho para ti

Hay momentos durante estos días en los que siento que el mundo no está diseñado para personas como yo.

No porque todas las personas sean malas. No porque todo el mundo quiera hacer daño. Sino porque muchas veces las necesidades de las personas autistas, de las personas con discapacidad o de quienes tenemos sensibilidad sensorial simplemente no se tienen en cuenta.

La mayoría de personas pueden disfrutar de los petardos sin mayores consecuencias. Pero quienes tenemos hipersensibilidad auditiva podemos vivir esos mismos días con sufrimiento real.

Y lo más difícil no siempre es el ruido. A veces lo más difícil es la sensación de que nadie entiende lo que estás viviendo.

Es duro sentir que para participar en la vida diaria tienes que aguantar estímulos que te hacen daño. Es duro tener que funcionar como si nada mientras por dentro estás intentando regularte, no bloquearte y no romperte emocionalmente.

“A veces no duele solo el ruido. También duele sentir que la sociedad no entiende lo que ese ruido provoca.”

La sensibilidad sensorial no desaparece por voluntad propia

Muchas personas creen que una persona autista debería acostumbrarse. Que si se expone muchas veces al ruido, dejará de afectarle. Que todo es cuestión de aguantar.

Pero la sensibilidad sensorial no funciona así.

Una persona puede aprender estrategias para protegerse mejor, anticiparse, regularse o recuperarse después. Pero eso no significa que el estímulo deje de doler, molestar o saturar.

En algunos casos, forzar demasiado la exposición no ayuda. Al contrario: puede aumentar el agotamiento, la ansiedad, la irritabilidad, el bloqueo o la necesidad de aislarse durante más tiempo después.

Por eso es tan importante entender que no hablamos de una manía ni de una preferencia. Hablamos de una forma diferente de procesar el entorno.

¿Sirven los cascos antirruido?

Los cascos antirruido pueden ayudar mucho. También los tapones auditivos. Para muchas personas autistas son herramientas importantes para reducir el impacto del sonido.

Pero existe una idea equivocada bastante común: pensar que ponerse protección auditiva elimina completamente el problema.

No es así.

Actualmente no existe ninguna herramienta que elimine totalmente el sonido de un petardo cercano. Los petardos más potentes pueden superar fácilmente los 100 o incluso los 120 decibelios, y aunque utilices protección auditiva, parte del ruido, la vibración y el impacto siguen llegando.

Los cascos ayudan, pero no hacen magia. Reducen el daño, pero no convierten una explosión en silencio.

Por eso la solución no debería ser únicamente que la persona autista se proteja. También debería existir más conciencia social, más respeto y más límites.

Por qué un horario ayudaría mucho

Si existiera un horario claro para tirar petardos, muchas personas con sensibilidad sensorial podríamos prepararnos mejor.

Poder anticipar cambia mucho las cosas. Permite cerrar ventanas, preparar una habitación tranquila, usar cascos antes de que empiece el ruido, evitar desplazamientos y reducir otras exigencias durante ese momento.

No eliminaría completamente el problema, pero lo haría mucho más manejable.

El problema no es solo que haya una celebración. El problema es cuando esa celebración se extiende durante días, sin horarios claros, sin límites y sin pensar en las personas a las que puede afectar.

La inclusión también es anticipación.
Para muchas personas autistas, saber cuándo va a ocurrir algo puede marcar la diferencia entre poder prepararse o acabar en sobrecarga.

Lo que suele ayudarme durante San Juan

Cada persona autista es diferente. Lo que funciona para mí puede no funcionar para otra persona, pero hay algunas medidas que pueden hacer que estos días sean un poco más llevaderos.

En mi caso, lo que más me ayuda es poder estar en un entorno tranquilo, tener libertad para usar protección auditiva cuando lo necesito y reducir al máximo los estímulos que se suman al ruido de los petardos.

  • Permanecer en casa cuando es posible.
  • Utilizar auriculares, tapones o cascos antirruido.
  • Tener una habitación tranquila preparada.
  • Cerrar ventanas y persianas para reducir el impacto del sonido.
  • Evitar zonas donde se concentra mucha gente o se tiran muchos petardos.
  • Escuchar música relajante, ruido blanco o sonidos constantes.
  • Reducir otras fuentes de estrés durante esos días.
  • Avisar a personas cercanas de cómo me siento.
  • No forzarme a participar en planes si mi cuerpo no puede.

Estas medidas no eliminan por completo el problema. Pero pueden ayudar a reducir el impacto, evitar una sobrecarga mayor y facilitar la recuperación después.

El problema en el trabajo y en espacios no adaptados

En casa puedo ponerme cascos, cerrar ventanas, buscar una habitación tranquila o decidir no salir si estoy muy saturado. Pero en el trabajo o en otros espacios sociales no siempre tienes esa libertad.

A veces no puedes ponerte protección auditiva porque se interpreta mal. A veces no puedes apartarte porque tienes que atender, responder, estar presente o cumplir unas normas. A veces necesitas adaptaciones, pero si no tienes informes médicos o si el entorno no entiende la sensibilidad sensorial, todo se vuelve más difícil.

Esto es una parte importante del problema: muchas veces la sociedad obliga a funcionar como si todo el mundo tuviera el mismo sistema nervioso.

Pero no es así. Hay personas que pueden tolerar perfectamente una noche de petardos. Y hay personas para las que esos mismos sonidos pueden provocar dolor, miedo, bloqueo o agotamiento extremo.

Un mensaje para quienes no tienen sensibilidad sensorial

No pretendo que desaparezcan todas las celebraciones. Tampoco pretendo que todo el mundo deje de disfrutar de San Juan.

Lo que me gustaría es que existiera más comprensión. Que se entendiera que para algunas personas no es una fiesta divertida, sino una situación difícil de soportar.

Detrás de cada explosión puede haber una persona pasando un mal momento. Una persona autista. Una persona con ansiedad. Una persona con trastorno de estrés postraumático. Una persona mayor. Un bebé. Alguien enfermo. O incluso un animal completamente asustado.

A veces un poco de empatía puede marcar una gran diferencia.

No se trata de prohibir la alegría.
Se trata de celebrar con más conciencia, más límites y más respeto hacia quienes viven el ruido de otra manera.

Lo que muchas personas no ven

Desde fuera, una persona autista puede parecer simplemente seria, cansada, irritable, distante o exagerada. Pero por dentro puede estar haciendo un esfuerzo enorme para no bloquearse, no llorar, no huir o no entrar en una sobrecarga sensorial.

Muchas veces no se ve el esfuerzo que hacemos para aguantar situaciones que para otras personas son normales. Y eso hace que la incomprensión duela todavía más.

No se trata de dramatizar. Se trata de explicar una realidad que muchas veces queda invisible.

Para muchas personas autistas, los días con petardos no son solo días ruidosos. Son días de resistencia, regulación constante y recuperación posterior.

“No todas las personas viven el ruido igual. Para algunas, una celebración puede convertirse en una sobrecarga.”

También afecta a más personas, no solo al autismo

Aunque este artículo está escrito desde mi experiencia como persona autista, los petardos no afectan únicamente a las personas autistas.

También pueden afectar a personas con ansiedad, migrañas, trastorno de estrés postraumático, bebés, personas mayores, personas enfermas, personas con alta sensibilidad auditiva y animales.

Por eso hablar de este tema no es pedir un trato especial. Es pedir una sociedad más consciente.

Una sociedad puede celebrar sus tradiciones y, al mismo tiempo, pensar en quienes sufren con ciertas formas de celebración. Ambas cosas deberían poder convivir.

Qué podría mejorar la situación

No hace falta eliminar por completo una tradición para hacerla más respetuosa. A veces bastan medidas sencillas para reducir mucho el impacto sobre las personas más sensibles al ruido.

  • Establecer horarios más claros para el uso de petardos.
  • Evitar tirar petardos fuera de los días principales.
  • Crear zonas más tranquilas o libres de pirotecnia.
  • Informar mejor a la población sobre la sensibilidad sensorial.
  • Respetar a quienes usan cascos, tapones o necesitan aislarse.
  • Reducir el uso de petardos especialmente fuertes.
  • Promover alternativas visuales o menos agresivas a nivel sonoro.
  • Entender que no todo sufrimiento se ve desde fuera.

La inclusión no siempre consiste en hacer grandes cambios. A veces consiste en dejar de asumir que todo el mundo vive el entorno de la misma forma.

Preguntas frecuentes sobre San Juan, autismo y petardos

Sí. En algunas personas autistas, los sonidos fuertes, repentinos y repetidos pueden contribuir a una sobrecarga sensorial.

No completamente. Los cascos o tapones pueden reducir el impacto del sonido, pero no eliminan por completo el ruido.

Porque no poder anticipar cuándo llegará el siguiente ruido mantiene al cuerpo en estado de alerta constante.

Puede ayudar preparar un espacio tranquilo, usar protección auditiva y evitar lugares donde se concentren muchos petardos.

Respetar horarios, reducir pirotecnia muy ruidosa y entender que no todas las personas procesan el sonido igual.

Reflexión final: San Juan no se vive igual para todo el mundo

Cada año espero que pase San Juan para recuperar la tranquilidad. Sé que no soy la única persona autista que vive estos días de esta manera.

Por eso he querido compartir mi experiencia. Porque muchas veces hablamos del autismo de forma teórica, pero pocas veces explicamos cómo se siente realmente vivir determinadas situaciones desde dentro.

Para muchas personas autistas, la verbena de San Juan no es una noche de fiesta. Puede ser una noche de sobresaltos, dolor, miedo, cansancio y necesidad de protección.

Ojalá algún día podamos encontrar una forma de celebrar que tenga más en cuenta a quienes vivimos el mundo de una manera distinta.

No se trata de quitar la alegría a nadie. Se trata de sumar empatía, límites y respeto.

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